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INCLUSIÓN

Maestras en derribar barreras y construir igualdad 

Para Gabriela y Mónica la tarea es enseñar, a los chicos de la Escuela Especial 501 de San Vicente, a luchar por sus derechos
9 Septiembre 2019

 

“Jamás pensamos en desistir. Es un trabajo apasionante y comprometido”, aseguran Gabriela Zapata y Mónica Borrás, al evocar las dificultades, pero también las alegrías, del camino que emprendieron hace más de 20 años como maestras de apoyo a la inclusión.

Los caminos de la docencia las reunió para trabajar como pareja pedagógica en la Escuela Especial 501 de San Vicente, donde enseñan a un grupo de estudiantes con discapacidad intelectual, incluyendo a un estudiante ciego. Los resultados fueron excelentes ya que logró autonomía y alfabetización en braille. Allí, Gabriela es maestra en sede y Mónica docente de apoyo. Mientras, cada una continúa con su trabajo de inclusión en otras escuelas.

Ambas coinciden en que para ejercer este tipo de docencia hay que tener amor, más allá de la  vocación, y ponerse la camiseta de la inclusión, de la escuela y del estudiante. “Es luchar por los derechos de estos chicos y enseñarles a luchar por sus derechos. Ellos son puro amor y los padres nos consideran ‘la segunda mamá’. Formamos una familia en el aula”, sostienen.

Reconocen que siempre hay momentos difíciles, “por ejemplo cuando algún estudiante tiene un problema de salud, o alguno parte definitivamente, son momentos muy dolorosos. Pero allí están los directivos y los otros docentes para acompañarnos. Es parte de la vida, la tristeza, la alegría, el dolor. Por otra lado, también hemos pasado muchas situaciones lindas. Festejamos cumpleaños con los chicos y sus familias, compartimos talleres, aprendemos otras costumbres y comidas de quienes vienen de otras provincias o pueblos”, concuerdan.

Las docentes explican que “lo que uno se propone cuando elige esta carrera es el disfrute y el amor, y estar a la par de los chicos, acompañándolos. Es un trabajo donde hay que formarse todo el tiempo. Hay que adaptarse a todas las realidades, como el de las familias ensambladas, los migrantes, hay que respetar otras culturas. Eso mismo nos enriquece”.

Por otra parte, subrayan, “ser docente de apoyo en inclusión es brindar contención al par con el que se trabaja y todos los accesos al conocimiento al estudiante. Trabajar en pareja pedagógica con la o el docente del nivel es orientar y acompañar al alumno. Es querer derribar juntas todas las barreras que imposibilitan su inserción en la educación -ya sea por inconvenientes en el acceso edilicio, en la comunicación, o por la falta de recursos- para que tengan las mismas posibilidades. Nosotras llevamos la mochila cargada de herramientas para que esos chicos y chicas tengan los mismos derechos que el resto”.

Tanto Mónica como Gabriela sostienen que dedicarse a la inclusión es un desafío, un reaprender y un replantearse cuestiones profesionales. “Es buscar las estrategias y complementarse; una aprende de la otra. En este caso, una es profesora de discapacidad visual y otra de discapacidad intelectual, entonces el abordaje tiene que ser conjunto, aunar las ideas, los criterios y lograr que trabajen todos los alumnos. Incluir no implica aprender solo lo pedagógico, es compartir un recreo, una lección paseo, aprender a estar con el otro a partir de las diferencias, que pueden ser físicas o no”, señalan. 

Para ambas, lo más importante es un trabajo en equipo. “Incluir implica abrirse a otros conocimientos y también un compromiso de formación continua, permanente; es no quedarse con el título y seguir capacitándose”, aseguran las docentes. 

Las palabras amor, compromiso, dedicación, pasión, enmarcan la certeza de estas dos maestras, de elegir siempre, ser docentes de apoyo a la  inclusión.