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SOLIDARIDAD

Ayudar a otros: la historia de la maestra que inspira a todo un pueblo 

La casa de la maestra jardinera Maricel Plesnicar se convirtió en un faro de solidaridad para los vecinos de Villa Maza
9 Septiembre 2019

 

Maricel Plesnicar dice que no sabe en qué momento comenzó su vocación solidaria, pero los vecinos de Villa Maza sí. Ellos tienen en claro que si quieren ayudar a alguien recurren a la maestra del Jardín 904 para enviar sus colaboraciones a quien las necesita. Así, su casa se convirtió en un faro de referencia de solidaridad en este pueblo rural de 2.000 habitantes, enclavado en el partido de Adolfo Alsina. Nacida y crecida allí, la maestra pasó a ser la garantía de que la ayuda llegue al destinatario.

“Siempre hay alguien que golpea la puerta o toca el timbre de casa, dándome una bolsita para que yo mande esa ayuda. Soy como una hormiguita que junta de todo el pueblo y lo encausa. Hace un año y medio que estamos enviando”, cuenta Maricel.

La voluntad de colaborar está, pero no siempre están al alcance los medios para acercar las colaboraciones. Es entonces esta maestra jardinera quien logra conseguir el transporte, apelando a conocidos, a padres de la escuela, o a vecinos con algún vehículo.

Durante mucho tiempo Maricel inició a sus alumnos de salita amarilla en la cultura solidaria, al incentivarlos a juntar tapitas plásticas de botellas para el Hospital Garraham, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hace dos años conoció a la ONG Pelucas Solidarias, que distribuye en forma gratuita pelucas de pelo natural a mujeres y niñas, que son pacientes oncológicas sin recursos económicos.  De inmediato decidió sumarse y colaborar con esta organización sin fines de lucro.

Así fue como empezó a tejer gorros para señoras y luego gorritos para niñas y niños, e incluso turbantes. La voz sobre su afición solidaria corrió por el pueblo, mucha gente empezó a sumarse y comenzaron a mandar también telas, productos higiénicos, peluches y otros artículos. Su vocación solidaria caló en el pueblo y ahora siempre hay quien envía encomiendas con ayuda a la asociación.

Este año, Maricel fue por más. Emprendió un proyecto con sus alumnos del Jardín y las familias, para entregar junto con las pelucas para nenas en situación de internación, muñequitas quitapenas confeccionadas por sus veinte alumnos de 4 y 5 años, con la intención de alejar los miedos y las penas de las niñas en situación de internación.

Las muñequitas “quitapenas” forman parte de la cultura guatemalteca, cuya leyenda se utiliza para trabajar los miedos infantiles. Según ésta, antes de irse a dormir, los niños le cuentan sus preocupaciones a los muñecos y los colocan debajo de la almohada. Al día siguiente se despiertan cargados de energía y encuentran la solución al problema, como si los muñecos lo hubiesen resuelto mientras dormían.

Maricel tomó la leyenda del folclore guatemalteco, extendida en todo el mundo, y puso en marcha el hermoso proyecto en el Jardín de Villa Maza. Los pequeños realizan las cabecitas en cera fría y las madres los ayudan con la vestimenta. Hasta el momento, llevan hechos 100 muñequitos. Ya los repartieron entre el Hospital Garraham, el Hospital de Niños de La Plata y la propia organización “Pelucas Solidarias”. Y ahora se preparan a mandar al hospital Penna de Bahía Blanca, y al  hospital de Santa Rosa, en La Pampa.

Maricel asegura que, por su naturaleza, la vocación del docente es solidaria, ya que siempre está ayudando a alguien. Señala que su sorpresa fue descubrir la solidaridad de la comunidad de Villa Maza, que acompaña al Jardín de Infantes con sus sueños. Una comunidad a la que, seguramente, ella inspira con sus actos.